Mostrando entradas con la etiqueta Percepción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Percepción. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de noviembre de 2014

sábado, 29 de noviembre de 2008

Gafas nuevas




Experimento que demuestra la capacidad de adaptacion del cerebro cuando recibe errores de percepcion, se trata de meter una bola en el aro con la dificultad de que miras a traves de unas lentes de que desvian la realidad hacia la derecha, cuando haces 15 tiros puedes llegar a encestar, el cerebro se ha adaptado a la nueva realidad y al quitarte las lentes vuelves a tener que readaptarte por que ahora tu percepcion vuelve a cambiar. No es tan facil engañar al cerebro

martes, 25 de noviembre de 2008

Ilusiones ópticas

Intenta seguir el punto rojo hasta el centro o hasta el final de la espiral. Ánimo.

¿No cuadra no?
Pues no, no cuela.
¿El segmento A mide igual que el segmento B? Esto parece que no cuela, pero va a ser que sí.

domingo, 16 de noviembre de 2008

La credibilidad del mago


"En muchos aspectos, los magos saben más que los científicos cognitivos sobre la naturaleza de la atención de la conciencia", dice Susana Martínez-Conde, del Instituto Neurológico Barrow en Phoenix (Arizona), autora de un trabajo sobre percepción con la ayuda de una selección de magos de renombre internacional.

El estudio, publicado en la revista Nature Reviews Neuroscience, sostiene que los magos manipulan los procesos cognitivos del cerebro "de forma espectacular". ¿En qué consisten estas herramientas? No podemos entrar en detalles (los magos nunca revelan sus trucos), pero sí existen distintas estrategias. Por lo general se combinan varios elementos que infl uyen en la atención, la consciencia y la confi anza y que tienen como finalidad última distraer la atención del observador.

Según el lenguaje del gremio, estas técnicas tienen un nombre: misdirección. Puede ser misdirección abierta ("miren esta mano (mientras me guardo la carta en la otra)", encubierta (hacer que los espectadores dirijan la atención- no necesariamente la mirada- a un lugar determinado sin indicárselo directamente, por ejemplo a través de acciones y otras técnicas que capturen la atención) o social (en la que el mago utiliza su propia mirada u otro tipo de comportamiento para desviar la atención del público). "Desde luego utilizamos estrategias y trampas psicológicas sutiles para lograr que el espectador vea y piense lo que queremos en el momento adecuado y preciso", reconoce Pere Miró, mago miembro del Club de la Magia.

Las investigaciones sobre la percepción de los objetos y la capacidad de reacción del ser humano, que ya llevan años de recorrido, han llegado a establecer unos principios que los magos siguen al pie de la letra y que facilitan su labor. Baste con saber, por ejemplo, que si se produce más de un movimiento, los espectadores siempre tendrán la tendencia de seguir el más grande. De la misma manera -asegura el mencionado estudio- si se desarrollan en el escenario varias acciones casi de forma simultánea, la que habrá empezado antes atraerá más nuestra atención.

Los magos llevan al terreno concreto estas reglas y sacan máximo partido de ellas. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la llamada correlación ilusoria. ¿Qué significa? Todos lo hemos experimentado alguna vez en la vida. Si A precede a B, a menudo sacamos la conclusión de que A es la causa de B. El ilusionista es consciente de ello: si se vierte agua sobre una pelota y ésta desaparece, las reglas cognitivas nos llevarán a la conclusión de que el agua es responsable de la desaparición.

A partir de ahí el paso es breve: el espectador creerá que el líquido tiene propiedades mágicas, que vuelve los objetos invisibles. Otro engaño muy conocido es el de la repetición. Cuando observamos un efecto que se repite en el tiempo, el cerebro asume de forma natural que cada repetición se lleva a cabo con el mismo método y como consecuencia de un idéntico proceso. Pero -ojo- el mago puede cambiar este último, sin que el efecto varíe. De hecho, siempre es mejor no repetir el truco dos veces para evitar que el espectador consiga captar su funcionamiento.

No todo es tan sencillo en un espectáculo de magia: en cada número, el mago tiene que llevar a cabo una serie de acciones y algunas pueden ser innaturales. Pero el buen ilusionista tiene la capacidad de convencernos de que es lo más normal del mundo. Para ello recurre a su repertorio gestual y teatral, como la voz, la comunicación no verbal y los distintos gestos.

El recurso al humor durante un espectáculo no es sólo una opción para divertir al espectador y para que el número sea más ameno. El público que se está riendo no puede prestar atención a las maniobras y los pasos secretos del mago. En efecto, está comprobado que el humor afecta a nuestro nivel de atención. Durante la risa, es como si el tiempo se parara y el nivel de con centración disminuye. Es cuando el espectador es más vulnerable y prácticamente el mago puede hacer cualquier cosa sin que el público se percate de ello. Es un fenómeno que a nivel científico todavía está pendiente de averiguaciones y que tiene algo de misterioso."Un mago tiene que causar empatía. Caer bien al público. Si lo consigue, tiene mucho ganado. Es como un alumno aventajado", reconoce Josep Roma, presidente de la Sociedad Española de Ilusionismo.

De hecho, muchos trucos mágicos se llevan a cabo cuando el espectador cree que el mago ni siquiera ha empezado, o incluso cuando supone que éste ha terminado. Es aquí cuando los ilusionistas usan la risa o la comedia para reducir el foco de atención. Ahora está de moda que los magos en sus espectáculos también hagan reír. Pero es cierto que entre los grandes ilusionistas de la actualidad hay algunos que no se basan exclusivamente en hacer gracia.

Criss Angel se ha especializado en magia extrema, en los llamados juegos bizarre algo sangrientos. Jeff McBride introduce un tono más místico y fi losófi co en sus actuaciones. Y René Laband siempre ha destacado por su carisma, la oratoria y la inteligencia. "Quizá no sea sólo la risa. Otras emociones pueden dar lugar a un efecto de distracción equivalente al humor", dice Martínez-Conde, aunque precisa que habría que investigar más a fondo el tema. En este sentido, Miró es partidario de recuperar el espíritu más ancestral de la magia, aunque el público parece más preocupado por descubrir el truco y soltar carcajadas. "A mí me gustaría pensar que el mago es aún capaz de emocionar, hasta de hacer llorar", dice.

En todo caso, el objetivo siempre es el mismo; separar el momento del efecto del momento del método, para evitar que el espectador establezca alguna relación entre los dos elementos. "Nosotros engañamos, pero el público se deja. Es como un juego. Los trucos no son buenos o malos, simplemente están bien presentados. En este oficio se precisan dotes teatrales. El mago en el fondo no deja de ser un actor que incorpora el papel de mago", precisa Miró. "El único límite es que siempre hay que respetar al público, nunca ridiculizarlo", dice.

De ahí la pregunta clave: ¿cómo es posible que, pese a todo, el espectador de deje embaucar? "Creemos en la magia porque es la simbología de los sueños. La magia nos lleva a la inmortalidad -se cortan cabezas y, pese a todo, seguimos vivos-, nos dice cómo será el futuro -con las previsiones y adivinanzas típicas del mentalismo- y nos promete riqueza -aparecen monedas de la nada-", cuenta Moustache, ilusionista que trabaja en la tienda Magicus de Barcelona. Poco importa si la actuación del buen mago nos lleva al territorio de lo absurdo o descabellado.

Se ha observado que el público confía de forma entusiasta más en las sugestiones y en la información que meramente se insinúa o se oculta que en las simples afi rmaciones. Paradójicamente es la teatralidad o el misterio de ciertas actuaciones, la que hace aceptar lo inverosímil al espectador. Como dijo Oscar Wilde, "el hombre no creerá nunca en lo improbable, pero sí puede creer en lo imposible".

Publicadao en el Magazine de La Vanguardia, domingo 15 de Noviembre de 2008

miércoles, 14 de noviembre de 2007

¿Cuando deberíamos confiar en que nuestros sentidos nos conducen a la verdad?

El título nº 2 del ensayo escrito de Teoría del Conocimiento (TOK) nos pregunta ¿Cuándo deberíamos confiar en que nuestros sentidos nos conducen a la verdad? La cuestión parece suponer que nuestros sentidos nos engañan con una cierta frecuencia, y, que por tanto no parecen fiables de forma habitual. Veamos algunas consideraciones.
1. La validez del conocimiento sensible para conocer la verdad parece haberse puesto en entredicho con Platón (s.V a.C.). Este autor en el libro VII de la República nos propone una alegoría en la que la humanidad es representada dentro de una cueva sometida al conocimiento de las sombras que arroja el fuego sobre el fondo de la caverna. Para Platón, el conocimiento que nos conduce a la verdad es el conocimiento intelectual; el conocimiento sensible tan solo nos lleva al conocimiento de las apariencias, no del verdadero ser de las cosas.
2. En la misma línea, René Descartes, s. XVII, en la primera de sus Meditaciones Metafísicas, decide dudar metódicamente del conocimiento sensible pues, se dice, si alguna vez mis sentidos me han engañado, ¿por qué no me van a engañar siempre hasta el extremo de que incluso sea yo incapaz de reconocer el engaño? Al final, en la última de las meditaciones que componen su libro, la sexta, Descartes recupera la fiabilidad parcial del conocimiento sensible. Descartes, como Platón, deposita toda su confianza en el conocimiento intelectual.
3. Autores británicos como John Locke, Berkeley o el ya nombrado David Hume fueron partidarios de priorizar la validez del conocimiento sensible sobre cualquier otra fuente de conocimiento. Aportaron, entre otras razones, la vivacidad de las impresiones en comparación con lo inimaginable de las ideas intelectuales. Para estos autores que reciben el nombre de empiristas, el conocimiento intelectual es un conocimiento sensible algo deteriorado, desvahido.
4. ¿Podemos vivir totalmente engañados por nuestros sentidos?... De ser así ¿cómo nos podriamos dar cuenta del error? ¿cómo podríamos formularnos la pregunta inicial de este título? Tan absurdo es decir que mis sentidos me engañan siempre, como que no se equivocan nunca. ¿Cómo nos damos cuenta del error de nuestro conocimiento sensible?
5. Descartes cita el ejemplo de la percepción del palo que se introduce en el agua. Esta experiencia común nos presenta un palo doblado cuando en verdad sabemos que el palo no sufre ninguna deformación. Esta aberración óptica sabemos que es causa de la distinta densidad del agua y del aire, pero ¿cómo nos damos cuenta de que es errónea?
6. Tanto Descartes como Hume consideraron que los sentidos son fiables cuando se trata de la percepción de los sensibles comunes, es decir, cuando se trata de objetos que pueden ser percibidos por diversos sentidos. Por ejemplo, la figura, le movimiento, el tamaño... Cuantos más sentidos intervienen, más fiabilidad tiene nuestro conocimiento.
7. Aristóteles (s.IV a.C), sin embargo, consideraba que los sentidos resultan fiables cuando perciben los sensibles propios característicos de cada sentido. Así, si la vista percibe algo, ha de ser necesariamente un color; si el oido capta alguna cosa es un sonido... Para Aristóteles los sensibles propios son de la máxima garantía veritativa.
8. Cabría preguntarnos en qué consiste el error de nuestro conocimiento sensible para poder dar una respuesta cabal a la cuestión. En los ejemplos creo que es suficientemente claro explicar cómo se produce el error, cómo nos damos cuenta, y cómo lo corregimos.
9. Como argumento por reducción al absurdo nos podríamos plantear qué quedaría de nuestro conocimiento científico si elimináramos la validez de nuestro conocimiento sensible.

¿Cuando deberíamos confiar en que nuestros sentidos nos conducen a la verdad?



Veus les dues imatges en cadascuna de les fotografies?














¿Cuándo deberíamos confiar en que nuestros sentidos nos conducen a la verdad?


Mira amb atenció aquest cub... cap on apunta, dalt? abaix?

¿Cuando deberíamos confiar en que nuestros sentidos nos conducen a la verdad?


Intenta contar els punts de color negre...

¿Cuando deberíamos confiar en que nuestros sentidos nos conducen a la verdad?





Les diagonals AB i BC són de la mateixa mida